El cliente de un despacho no llega en frío como quien busca un restaurante. Llega con un problema encima —un accidente, una carta de inmigración, un divorcio— y con una mezcla de urgencia y miedo. Eso cambia por completo cómo lee tu web: no está evaluando tu trayectoria, está buscando si puedes ayudarle a él, en su caso, y cuánto le va a costar.
El fallo más extendido es escribir la web para otros abogados. Páginas llenas de áreas de práctica en lenguaje jurídico, currículums largos y frases sobre la excelencia del despacho. Todo eso está bien para un colega, pero el que tiene un problema quiere leer «llevamos casos de accidentes de tráfico» y «la primera consulta es gratis», no «litigación en responsabilidad civil extracontractual».
Y en Houston hay una capa que decide muchísimas llamadas: el idioma. Buena parte de quienes necesitan ayuda legal la buscan en español, y necesitan saber que en tu despacho los van a atender en su idioma sin depender de un familiar que traduzca. Si tu web está solo en inglés, esa persona asume que no y llama a otro.